lunes, 16 de marzo de 2009

'Imposturas intelectuales', de Alan Sokal y Jean Bricmont


Existen corrientes de pensamiento que, al igual que si fueran terremotos, ponen en alerta mi sismógrafo intelectual. La religión, el creacionismo, la idea de que el arte es mesurable cualitativamente de forma incontrovertible. Esa clase de cosas.
Pero si hay una tendencia intelectual que de veras me parece nociva (aunque apenas llama la atención a nuestro alrededor) es la del posmodernismo y el relativismo cognitivo. Entonces mi sismógrafo registra una puntuación máxima en la escala Richter. Cuando la gente empieza a usar el caos y lo de la mariposa que agita sus alas para originar un huracán, la mecánica cuántica, los fractales y demás sin tener ni idea y para justificar o explicar cosas que nada tienen que ver con la ciencia.
Imposturas intelectuales es uno de los libros-experimento que sin duda ha hecho más por demostrar lo ridículos que resultan los planteamientos posmodernistas y, de paso, intenta desautorizar a esa caterva de intelectuales (mayormente de las ciencias sociales) que campean a su anchas demostrando un analfabetismo insultante o una simple y llana mala fe.
El origen de este libro es una broma. Debido a que cada vez más sectores pertenecientes al ámbito de las humanidades y de las ciencias sociales han adoptado la filosofía posmodernista de rechazar más o menos explícitamente la tradición racionalista de la Ilustración, arguyendo que la ciencia no es más que una “narración”, un “mito” o una construcción social, los autores quisieron comprobar hasta donde podían llegar si ellos también adoptaban esta postura.

Por ello, Alan Sokal, presentó una parodia de trabajo que ha venido proliferando en los últimos años a una revista cultural norteamericana de moda, Social Text. El título de este artículo fue “Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica”. Un título que incluso era sencillo en comparación con el cuerpo del artículo, que no era más que una sucesión de absurdos, faltas de lógica y mucha palabrería científica tan del gusto de los que no tienen mucha idea de ciencia. (Al final del libro, por cierto, se transcribe el artículo completo y se analizan las trampas punto por punto).
La idea central del artículo postulaba que la realidad física, al igual que la realidad social, es en el fondo una construcción lingüística y social; y al final añadía que “la π de Euclides y la G de Newton, que antiguamente se creían constantes y universales, son ahora percibidas en su ineluctable historicidad.”
El texto no sólo fue aceptado sino incluso aplaudido por muchos intelectuales. Poco después, por supuesto, se desveló la broma… y las críticas no tardaron en llegar.
Pero esta anécdota sólo sirve como punto de partida para Imposturas intelectuales. La verdadera intención del libro es analizar sistemáticamente los errores en los que tropiezan autores tan renombrados en Francia y en el mundo como Jacques Lacan, Julia Kristeva, Luce Irrigaría, Bruno Latour, Jean Baudrillard, Gilles Deleuze y otros.
Todos los autores analizados en Imposturas intelectuales incorporan a las ciencias humanas o sociales nociones propias de las ciencias naturales sin ningún tipo de justificación empírica o conceptual. Y lo que es peor: dejan de manifiesto todos ellos que sus conocimientos en las ciencias naturales son superficiales o directamente nulas. Pero al tratarse de textos dirigidos a otros colegas y estudiosos de las ciencias humanas o sociales, nadie se da cuenta de ello.
Lacan, quizá el más conocido, por ejemplo, intenta “matematizar” el psicoanálisis, pero Sokal y Bricmont demuestran que Lacan emplea analogías entre ambas materias, el psicoanálisis y las matemáticas, de una forma totalmente arbitraria. Puro misticismo laico. Los lectores de Lacan, que ni idea tienen de ciencia, tragan sin rechistar.

Todos estos capítulos son tal vez un tanto tediosos, porque te obligan a leer textos muy crípticos de autores que precisamente son adulados por su densidad expositiva. Y tal vez algunos análisis se escapen de la comprensión del lector que no domine la materia científica. Pero Imposturas intelectuales vale su peso en oro, sobre todo, por un intermedio que casi ocupa un cuarto del libro. Un capítulo central magistral donde ambos autores argumentan de forma sencilla acerca de cómo funciona realmente, a nivel epistemológico, la ciencia y por qué el relativismo cultural es una falacia.
Así pues, Imposturas intelectuales, además de dejar al descubierto que muchos autores posmodernistas, sobre todo del ámbito de las ciencias sociales, son aficionados a una verborrea oscura y pedante para, quizá, escamotear la inanidad de su contenido, también ayudará a muchos lectores a resolver qué significa tener certezas sobre algo, qué es la verdad objetiva y subjetiva, por qué el relativismo se contradice a sí mismo, etc.
De modo que recomiendo vivamente este texto a los que sois de letras. Todas las objeciones que se os puedan ocurrir respecto a la idea de que la ciencia no puede ser relativa y se basa en certezas, os aseguro que aquí están contestadas. Porque las disciplinas científicas (así como las partes científicas de las ciencias sociales) se basan en un conocimiento acumulativo y, por tanto, nada subjetivo. Es conocimiento racional y objetivo (objetivo en el sentido práctico, por supuesto, no en el sentido absoluto, el cual ni nos atañe ni debe ser invocado para discutir asuntos terrenales).
Pero aún se puede ir más lejos: es natural introducir una jerarquía en el grado de certidumbre que se concede a diferentes teorías en función de la cantidad y la calidad de los argumentos que la fundamentan. Todos los científicos, y a decir verdad todos los seres humanos, proceden de este modo y asignan mayor probabilidad subjetiva a las teorías mejor fundamentadas (por ejemplo, la evolución de las especies o la existencia de átomos) y menor probabilidad subjetiva a las teorías más especulativas (por ejemplo, las teorías detalladas de la gravedad cuánticas). El mismo razonamiento es aplicable cuando se comparan teorías de las ciencias de la naturaleza con teorías históricas o sociológicas. Así, por ejemplo, las pruebas a favor de la rotación de la Tierra son mucho más sólidas que las que podría aportar Kuhn para sostener cualquiera de sus teorías históricas. Naturalmente, eso no quiero decir que los físicos sean más inteligentes que los historiadores, ni que utilicen métodos mejores, sino simplemente que, en términos generales, los problemas que estudian no son tan complejos e incluyen un menor número de variables que, además, son más fáciles de medir y controlar. La introducción de esta jerarquía en nuestras certidumbres resulta inevitable, y de ella se desprende que ningún argumento concebible fundado en la visión kuhniana de la historia puede acudir en ayuda de los sociólogos o filósofos que pretendan desafiar, de forma global, la fiabilidad de los conocimientos científicos.

La conciencia entre las neuronas


Usted despierta cada mañana con la idea clara de quién es. Conoce su nombre, su estado, las personas a las que ama y su lugar sobre el planeta.
Consciente de lo que hace, usted se mueve, habla, asume posiciones y defiende opiniones, mientras tanto, su cerebro se ocupa de que todo esté bien, porque existen ciertas actividades que, aunque importantes, no están bajo su control, como los latidos de su corazón y la respiración.
Entre los límites por alcanzar en la neurología moderna, la localización de la conciencia se encuentra entre los primeros de la lista.
Los neurólogos ya saben que parecen existir dos sistemas, uno que no controlamos y otro que, al parecer, nos da la ligera impresión de que el individuo tiene autoridad completa de la actividad neuronal que mueve su cuerpo y vigila su mente.
Para muchos, la conciencia no nace con nosotros, se va formando a medida que vamos llenando el cerebro con información.
Para otros, estas funciones ya vienen programadas y comienzan a funcionar desde el nacimiento.
Otros más ven una correlación entre ambos sistemas.
Por el momento, la forma en que el cerebro accede a la información consciente no está demostrada inequívocamente.
Como en todo ámbito científico, las opiniones aún están divididas. Muchos neurólogos piensan que existe un lugar particular donde habita la conciencia, pero son los pocos.
La idea que prevalece en la neurología moderna es que la conciencia es, realmente, una propiedad que posee la red global cerebral.
Ahora, un interesante estudio publicado en el diario PLoS Biología sugiere que existen cuatro procesos específicos y separados que se combinan para moldear la “firma” que caracteriza la actividad consciente.
Los científicos observaron la actividad neuronal en voluntarios que eran presentados con dos tipos de estímulos, unos que podían ser percibidos de forma consciente y otros que no.
El doctor Dehaene Gaillard, del hospital francés Inserm, descubrió, mirando los cerebros de los pacientes, que sólo los estímulos que pueden ser percibidos de forma consciente activan estos cuatros sistemas cerebrales.
Espacio trabajo global
Para los expertos, ha sido la convergencia de los cuatro sistemas de la percepción consciente lo que caracteriza la conciencia en el cerebro y no un único portal.
“Los resultados sugieren que, en vez de esperar por un solo marcador, una visión más madura del procesamiento consciente considera que está relacionado con un patrón de escala cerebral distribuido a través de la activación coherente del cerebro”, explicó el neurólogo Lionel Naccache.
El experimento confirma la teoría llamada “Espacio de Trabajo Global” que explica la conciencia como un estado de larga distancia manejado por varios sistemas.
Puede encontrar el artículo original en: http://biology.plosjournals.org/perlserv/?request=get-document&doi=10.1371/journal.pbio.1000061.
Cuatro umbrales hacia nuestra atención
Los resultados determinantes se los debemos a pacientes de epilepsia que decidieron participar como voluntarios.
Estos pacientes habían tenido que franquear procedimientos quirúrgicos de implantes de electrodos directamente en sus cerebros.
Por ello, fue posible la utilización de un sistema distinto para monitorear el cerebro: la grabación electrofisiológica intracerebral de la actividad neuronal.
Los científicos presentaron a los voluntarios palabras impresas donde algunas estaban visualmente enmascaradas y otras no, luego midieron los cambios en la actividad cerebral y el nivel de atención al reparar en las palabras.
“Este método ofrece una oportunidad única para medir correlaciones neuronales de acceso consciente con resoluciones óptimas en lo espacial y lo temporal.
Al comparar la actividad, aislamos cuatro marcadores electrofisiológicos que caracterizaban el acceso consciente 300 microsegundos después de percibir la palabra”, explicó Gaillard.

domingo, 8 de marzo de 2009

Síndrome de Asperger


Janis Sharp, progenitora del "ciberpirata" británico aseguró que la demanda de extradición obedece a una especie de "rabieta" de los norteamericanos, "a quienes mi hijo puso en ridículo y ahora ven en él un blanco fácil", a pesar de que las instituciones estadounidenses en cuyos ordenadores entró no tenÌan clave de acceso.


El autismo y el déficit de atención con hiperactividad son dos trastornos de conducta bastante estudiados que pueden tener consecuencias graves en la vida social y laboral de quienes los padecen. Una patología muy similar, aunque menos conocida, es la del Síndrome de Asperger, un problema con base neurológica de causa desconocida que provoca dificultades de relación, comunicación y de expresión, así como alteraciones de la expresión emocional.
EL CASO DEL CIBERPIRATA Un caso relativamente conocido de paciente con Síndrome de Asperger ha sido el del británico Gary McKinnon, un hombre de 42 años acusado de la mayor operación de ciberpiratería en la historia de Estados Unidos.
Washington ha pedido a Londres la extradición del ciberpirata, lo que le expone a una pena de setenta años de cárcel en una prisión de alta seguridad. Esta demanda ha levantado voces críticas en el Reino Unido argumentando que McKinnon es solo un enfermo y debe de ser tratado como tal.
El británico ha sido acusado de entrar ilegalmente en la memoria de noventa y siete ordenadores de la Armada y el Ejército estadounidenses, de la NASA y el Pentágono, entre febrero de 2001 y marzo de 2002, hechos que él ha admitido aunque aduciendo en su descargo que en ningún caso lo hizo con mala intención.
Simon Baron-Cohen, profesor de la Universidad de Cambridge y experto en trastornos de comportamiento, justificó las acciones del acusado por el síndrome que padece, por lo que "la actividad de McKinnon no puede considerarse un hecho delictivo".
"INGENUIDAD SOCIAL" El experto explicó, el pasado enero, en rueda de prensa en Londres que el proceder obsesivo de McKinnon es típico de la "ingenuidad social" de las personas que sufren el síndrome de Asperger. Esa enfermedad produce "una visión de túnel que hace que, en persecución de la verdad, las personas no ven las potenciales consecuencias sociales para otras" y "su encarcelamiento sería cuestionable porque alguien afectado por esta patología muy difícilmente soportar ese entorno".
McKinnon fue descubierto cuando trataba de descargar fotografías de la NASA que él creía que habían sido manipuladas para ocultar pruebas de la existencia de vida extraterrestre. Según los norteamericanos, que reclaman su extradición, el ciberpirata pretendió "de forma intencionada y calculada influir en el Gobierno de Estados Unidos mediante la intimidación y la coerción".
Los afectados del Síndrome de Asperger, al contrario de lo que ocurre con los autistas, no suelen presentar retraso. Algunos tienen incluso un coeficiente de inteligencia muy elevado. Se cree que Isaac Newton, uno de los padres de la física, estaba afectado por este mal.
El caso de McKinnon podría ser un paradigma. Según su madre, Janis Sharp, desde que era niño se interesó por la actividad extraterrestre y con sólo diez años ingresó en la Asociación Británica de Investigaciones sobre los OVNIS.
La progenitora de McKinnon cree que la demanda de extradición obedece a una especie de "rabieta" de los norteamericanos, "a quienes mi hijo puso en ridículo y ahora ven en él un blanco fácil", a pesar de que las instituciones estadounidenses en cuyos ordenadores entró no tenÌan clave de acceso.
LA HIJA DE BACHARACH Y DICKINSON Un caso más triste fue el de Nikki Bacharach, la hija del cantante y compositor Burt Bacharach y de la actriz Angie Dickinson, quien se suicidÛ a los 40 años en su casa de Thousand Oaks (norte de Los Angeles), a comienzos de 2007.
La única hija del matrimonio de artistas Bacharach y Dickinson llevaban divorciados desde 1980- fue diagnosticada con el síndrome de Asperger poco después de su nacimiento prematuro y su lucha diaria contra esa forma de autismo quedó documentada en la canción: "Nikki", que le dedicó su padre. La canción resaltaba la gran sensibilidad que tenía la mujer fallecida, a pesar de las rutinas obsesivas que condicionaban su existencia.
Investigaciones recientes han determinado que mientras los autistas tienen afectados los dos hemisferios cerebrales, el síndrome de Asperger solo afecta al derecho. Por ello es difícil detectar el problema en los primeros años de vida en niños que demuestran excelentes habilidades verbales (vocabulario, memoria auditiva). Sin embargo, con el paso del tiempo los afectados comienzan a presentar signos de hiperactividad, y se vuelven obsesivos (a veces preguntan reiteradamente, y con un gran nivel de angustia, por la hora y la fecha del día) y solitarios.
Otro síntoma que puede denotar la existencia de la patología es la falta de reciprocidad social del afectado. Por ejemplo, durante una conversación Éste insiste en un tema sin tener en cuenta las razonamientos de los demás. Al igual que en el trastorno autista, se observan patrones de conducta, intereses y actividades repetitivos, de acuerdo con el "Manual de los trastornos mentales", de los psiquiatras López-Ibor Aliúo y Valdés Miyar.
No obstante, el pronóstico para los afectados por el síndrome de Asperger es mucho más esperanzador que el de los autistas, pues los estudios de seguimiento sugieren que, al llegar a la edad adulta, muchos individuos son capaces de obtener un empleo y ser autosuficientes en la vida.
Efe Reportajes.

martes, 24 de febrero de 2009

DIOS HABITA EN EL CEREBRO





Hallazgos neurocientíficos explican por qué el hombre se refugia en las religiones.


El Dios de Abraham era justo, inapelable, incorruptible, trascendente, omnisciente, omnipotente, omnipresente y omnibenevolente. El cristianismo antiguo se centró en la pericoresis o fusión de tres personas en una sola entidad divina. Para la vía negativa de Maimónides sólo nos es dado discutir sobre lo que Dios no es. El Todo de los herméticos es más complicado que la suma de cuanto existe, y el Buda puso el énfasis en la liberación del sufrimiento en la tierra. Vista así, la religión tiene poco de universal.Pero los experimentos han hecho aflorar una capa subyacente más simple. Por ejemplo, los psicólogos cuentan a grupos de voluntarios una historia en la que Dios atiende a cinco problemas a la vez. Los creyentes de cualquier confesión monoteísta aceptan la narración con naturalidad, puesto que Dios tiene sobrados poderes cognitivos para ello. Pero si se les pide recordar la historia un rato después, casi todos cuentan que Dios atiende los cinco problemas uno por uno: su subconsciente ha humanizado al omnipotente Dios de la doctrina.
La investigación reciente en psicología cognitiva, neurobiología y antropología cultural ha revelado que la mayoría de los creyentes, sea cual sea su culto, tienen interiorizado un modelo extremadamente antropocéntrico de Dios. No sólo posee una figura humana, sino que utiliza los mismos procesos de percepción, razonamiento y motivación que las personas. Las creencias explícitas sobre la divinidad son muy distintas entre religiones, pero los supuestos tácitos son casi idénticos en la mayoría de las personas.
La característica central de cualquier religión es un núcleo de creencias sobre agentes no físicos. Este tipo de "conceptos sobrenaturales" -que también aparecen en la fantasía, los sueños y las supersticiones- está muy condicionado por nuestro conocimiento del mundo real. Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes. Dios comparte esas limitaciones dentro de la cabeza de los creyentes.
Más en general, las creencias subconscientes de la gente religiosa de cualquier credo son extraordinariamente parecidas: los agentes sobrenaturales ejercen una vigilancia permanente del comportamiento moral de la persona, con acceso instantáneo a sus pensamientos y deseos más íntimos. Los creyentes de cualquier culto también albergan creencias sobre la existencia y las propiedades de esos agentes sobrenaturales, y suelen guardar símbolos o amuletos que los representan, y celebrar rituales en su nombre. Cada grupo social suele atribuir a esos agentes su sistema moral, y su propia cohesión social.
Los científicos cognitivos han reunido muchas evidencias de que esta especie de religión natural se enraíza en cualidades humanas universales -como la capacidad para simular relaciones con personajes ficticios- que no son específicas de la experiencia religiosa, sino una consecuencia de tener el cerebro más desarrollado, y las estructuras sociales más complejas y estables, que han evolucionado en ninguna especie animal de este planeta.
"El pensamiento y el comportamiento religioso pueden considerarse parte de las capacidades naturales humanas, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las coaliciones étnicas", dice Pascal Boyer, de la Universidad de Washington en Saint Louis. Boyer ha publicado en el último año dos trabajos de referencia sobre la evolución cognitiva de la religión (Nature 455:1038; Annual Review of Anthropology 37:111).
El filósofo Daniel Dennett sostiene que los cerebros animales han evolucionado a través de tres fases. El comportamiento de las criaturas darwinianas está determinado genéticamente. Las criaturas skinnerianas (por el psicólogo conductista norteamericano B. F. Skinner) disponen de una gama de comportamientos, pero despliegan uno u otro al azar. Los humanos somos criaturas popperianas (por el filósofo de la ciencia Karl Popper). Una criatura popperiana hace lo mismo que una criatura skinneriana, pero sólo dentro de su propia cabeza, como una serie de simulaciones mentales.
El ingeniero de la Universidad de Michigan John Holland, padre de los algoritmos genéticos, asegura que "la verdadera esencia de una ventaja competitiva, sea en el ajedrez o en la actividad económica, es el descubrimiento y la ejecución de jugadas en un escenario ficticio". Y entre las principales jugadas que tenemos que simular los humanos, desde la más tierna edad, están las situaciones sociales ficticias.
"Todos los niños entablan relaciones sociales importantes y duraderas con personajes de ficción, amigos imaginarios, familiares desaparecidos, héroes invisibles, novios figurados...", dice Boyer. La práctica constante con ese tipo de "agentes no físicos", de hecho, puede explicar parte de la extraordinaria destreza social de nuestra especie, muy superior a la de los demás primates. Y desde ahí, el científico de Washington sólo ve un pequeño paso hasta otros "agentes no físicos" como espíritus, dioses y demonios, "intangibles pero implicados socialmente".
Los agentes sobrenaturales son a menudo la fuente de la moral para las personas religiosas, y también sus vigilantes omniscientes, esto es, que basta con pensar en algo pecaminoso para que se den por enterados. Ésta es otra de las creencias más generales entre los fieles de cualquier culto.
La psicología experimental indica, sin embargo, que los niños comprenden los imperativos morales básicos, como los relativos al trato justo y al daño a sus semejantes, desde que están en edad preescolar. Eso es antes de que puedan comprender esos conceptos abstractos y con independencia del entorno religioso en que se obtengan los datos. La neurobiología, por otro lado, ha revelado nexos muy relevantes entre los juicios morales y algunas de las emociones humanas más básicas y universales.
Uno de los nodos centrales de la red emocional del cerebro es el córtex prefrontal ventromedial (VMPC).
Los pacientes que tienen destruida esa zona del córtex muestran una disminución general en su capacidad de respuesta emocional y una marcada reducción de las emociones sociales -como la compasión, la vergüenza y la culpa que están estrechamente relacionadas con los valores morales-.
El VMPC es muy conocido por los neurólogos desde el 13 de septiembre 1848, cuando una explosión accidental disparó una barra de hierro de un metro de largo y seis kilos de peso exactamente hacia esa zona del cerebro de Phineas Gage, el capataz de una cuadrilla de trabajadores del ferrocarril. Sobrevivió, y sin daños en la capacidad del lenguaje ni en otras funciones intelectuales. Pero como dijo poco después un amigo suyo: "Este hombre ya no es Phineas Gage".
Todos los graves defectos que muestran estos pacientes se refieren a la respuesta a los estímulos emocionales o a la regulación de los propios sentimientos. Sus capacidades de la inteligencia general, de razonamiento lógico y de conocimiento de las normas sociales y morales están intactas.
Según el neurólogo Antonio Damasio, premio Príncipe de Asturias, muchas reacciones morales aversivas son una combinación del visceral rechazo a ciertos actos (matar a alguien, por ejemplo) y de la compasión instintiva por otro ser humano. Damasio cree que las emociones no sólo se asocian a los juicios morales, sino que son cruciales para elaborarlos.
"Aunque los creyentes suelen atribuir su moralidad a un agente sobrenatural", dice Boyer, "los modelos cognitivos indican todo lo contrario: que nuestros sentimientos morales son reclutados para dar verosimilitud a las nociones morales de la religión".
Los ritos religiosos también parecen muy distintos entre unas culturas y otras, pero todos pertenecen a una clase de "comportamientos rituales" constantes en la especie humana. Los ritos se basan siempre en alguna secuencia de actos arbitraria, obligatoria, ejecutada en un orden rígido, desligada de un objetivo práctico obvio y repetida muchas veces. También implican a menudo el uso de números, colores llamativos y símbolos de la pureza, el orden o la simetría.
Nuevamente, estos comportamientos rituales son un tema común en el desarrollo infantil: por ejemplo, cuando un niño sólo puede andar por la acera pisando las baldosas rojas, o tiene que subir el primer peldaño de su portal antes de que se cierre la puerta de la calle. Los niños suelen asociar estos rituales a unas vagas nociones de purificación y protección del peligro. Cuando estos sistemas se pasan de revoluciones, ocurren los trastornos obsesivo-compulsivos.
"Sabemos que el cerebro humano tiene redes de seguridad y precaución dedicadas a prevenir peligros como la predación", dice Boyer. "Las aserciones religiosas sobre la pureza, la suciedad y el peligro oculto de los demonios al acecho estimulan esos mismos sistemas, y hacen que las precauciones rituales resulten intuitivamente atractivas".
La crítica científica de la religión se ha centrado hasta ahora en argumentos racionales. El astrofísico Carl Sagan, por ejemplo, escribió: "¿Cómo es que apenas ninguna religión ha mirado a la ciencia y ha concluido: '¡Esto es mejor que lo nuestro! El universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas, más sutil y elegante?".
"Hay quien tiene un concepto tan amplio de Dios que no hay forma de evitar que lo acabe encontrando en cualquier parte", afirma Steven Weinberg, físico teórico y premio Nobel. "Si quieres decir que Dios es energía, lo puedes hallar en un montón de carbón".


El diseñador inteligente



La campaña "Probablemente, Dios no existe de los autobuses" se gestó en Londres en el pasado otoño, y uno de sus grandes promotores fue el biólogo Richard Dawkins (Universidad de Oxford). Él es, posiblemente, el autor de divulgación más popular de los últimos 30 años, pero su gran éxito editorial no es un libro de ciencia sino de religión: El espejismo de Dios, publicado en 2006 y traducido a 31 idiomas.
En los años ochenta, Dawkins aplicó las ideas de la selección natural darwiniana a la propagación de los modelos culturales. Las ideas serían memes (en vez de genes) que se replicarían de boca en boca y competirían entre sí por el éxito reproductivo. Las ideas religiosas, que por definición no deben demostrarse, serían memes de alta propagación.
Dawkins, como otros científicos, también desarrolla en El espejismo de Dios una refutación racional de la teología natural. Esta corriente teológica, que sedujo tanto a Darwin como al propio Dawkins en la juventud de ambos, deduce la existencia de Dios a partir de la complejidad de sus criaturas, y sigue siendo el gran argumento detrás del diseñador inteligente del creacionismo norteamericano. Pero un diseñador inteligente, aduce Dawkins, debe ser aún más complejo que las criaturas a las que pretende dar explicación, luego no les da ninguna.
Son argumentos más bien abstractos. La escuela evolucionista que representa Pascal Boyer, por el contrario, ha presentado evidencias de que el pensamiento religioso es la "línea de menor resistencia" de nuestro sistema cognitivo. "La incredulidad suele ser el resultado de un esfuerzo racional deliberado contra nuestras predisposiciones naturales", concluye Pascal en Nature, "lo que no es la ideología más fácil de propagar, precisamente".




sábado, 21 de febrero de 2009

De la filosofía del sacrificio a la filosofía de la eficacia



“Como yo sufrí,
los demás también tienen que sufrir
para que sepan lo que es bueno”
Un paciente.
El ser humano tiende a justificar sus circunstancias por orgullo. Es tendencia natural querer imponer la propia realidad como la más válida sino la única. El paciente de la cita que encabeza este capítulo, considera que como él sufrió en la vida, tiene derecho a hacer sufrir a los demás o por lo menos a desear que también sufran. ¡Qué daría por leer un sistema de pensamiento en el que no se asomara por ningún lado una justificación conveniente a la coyuntura de su creador!Como hijo que soy de padres italianos emigrados hacia “El sueño Americano” después de la segunda guerra, sé lo que es la “filosofía del sacrificio”. Criados en la incertidumbre de una Europa convulsionada por los conflictos armados, la generación de mis padres tuvo que refugiarse en la filosofía del sacrificio como justificativo de su situación. Ellos compusieron la máxima: «El sacrificio dignifica al hombre»El pasado próximo y el futuro inmediato se les presentaban como una eterna carrera de obstáculos. Su día a día estaba lleno de miserias, de esfuerzos, de privaciones y nada mejor que ciertos pasajes bíblicos sobre «la preferencia que el reino celestial tiene hacia los desposeídos» para justificar su destino.No tolerar su realidad los habría enloquecido,
la filosofía del sacrificio como forma sublime del vivir, fue su salvación. Así, al jornalero que trabajaba de sol a sol, sin esperanza de mejorar su realidad cotidiana, no le quedó otra alternativa que convencer a su esposa e hijos a resignarse bajo la justificación de que lo ganado con el sudor de la frente, aunque no fuera suficiente, debía de llenar los estómagos, la comida faltante debía ser reemplazada por el orgullo de ser hombres sufridos. «Lo que se gana con sacrificio es más valioso», con frases como ésta, más de una vez, se pretendió saciar el hambre de la familia, intentando llenar con palabras las ansias que la escasa comida nunca saciaba del todo. «Nada más infame que un banquete de ricos...lo dicen las escrituras: Tantos ricos irán al cielo como camellos...»Así el pobre soportó su pobreza (¿qué más le quedaba?). Pero el vano orgullo nunca llenaría los estómagos.La filosofía del sacrificio volvió sospechoso a todo ser afortunado, siendo igual si la fortuna en cuestión era fruto del ingenio y la eficacia o de la corrupción y el juego. Toda riqueza era de dudosa reputación. El mártir creó sus propios demonios: la buenaventura, el disfrute, el éxito, la riqueza, la placidez, la satisfacción.Estos indigentes de satisfacción erigieron sus propios dioses: el sacrificio, el sudor, la incomodidad, las causas perdidas, la pobreza, la marginalidad, la prisa, la insatisfacción, las obligaciones (increíble, pero en el siglo donde se terminó de abolir la esclavitud se enalteció el cumplimiento de obligaciones como sentido de la vida).Todo aquel que llegara a insinuar que las cosas pudieran ser más fáciles era tildado de anticristo y, de haber podido, lo habrían quemado en la hoguera. Por supuesto que esta filosofía fue secundada por los estados: un pueblo dispuesto a sacrificarse sin protestar era muy conveniente. La brecha generacional es una consecuencia inevitable de la evolución. Por brecha generacional se entiende las diferencias entre los “viejos” y los “jóvenes”. Pero creo que jamás estos contrastes han sido tan radicalmente opuestos como en este cambio de milenio. La filosofía del sacrificio ha sido sustituida por la filosofía de la eficacia: producir lo más rápido posible, gastando la menor cantidad de energía, es lo que dignifica al hombre moderno. El mártir pasará a ser un antisocial.Ya no se trata de cuánto se sacrifique alguien para hacer algo, sino de cuánto disfrute haciéndolo, los héroes han sufrido una metamorfosis de los valores. El que se sacrifica al hacer algo peca de no saber cómo hacer lo mismo placenteramente.Ser un hombre en el mundo implica vivir en la época que le toca vivir. Pero, ¿qué pasa con los padres que han aprendido de sus padres la filosofía del sacrificio como un dogma de vida que deben transmitir a sus hijos? Hoy día, alguien educado en la filosofía del sacrificio ha sido educado para fracasar ante el proyecto social.En este período de transición entre dos filosofías, el DDI es más poderoso y sutil que nunca. La tecnología ha cambiado la noción del tiempo y el espacio, acortando las distancias y efectivizando el tiempo. El e-mail (que no teme tormentas, ni nevadas, ni ataques indios), sustituye a todas las lentas variantes del Pony Express. Las comunicaciones han unido al mundo. El ocio y el divertimiento han ganado un lugar nuevo en la historia, ahora son patrimonio de todos. Las horas de trabajo van en disminución porque no tiene sentido producir más de lo necesario.A pesar que paradójicamente el tiempo del planeta (en el sentido de su evolución hacia la muerte), esté acortándose por los contaminantes producidos por la civilización que se han sumado a las catástrofes naturales, el tiempo real de vida de cada persona, que es su única realidad, aumenta en potenciales satisfacciones y disminuye en miserias.El DDS es una filosofía para todos.
Disfrutar ya no es pecado. El nuevo Dios será un dios que se rebele al sufrimiento, la opresión, la injusticia y sobre todo al sacrificio. La filosofía actual pretende enarbolar una iconografía de héroes astutos, efectivos, ricos, conocedores y defensores de la ciencia, que no hablan de pueblos separados sino de humanidad unida, que proponen soluciones prácticas para mejoras universales. Los nuevos creyentes adorarán un Dios que reconozca que el mundo es digno de disfrutar. Un Dios que no ofrezca una incierta “vida eterna” sino una “buena vida” en esta tierra. Un Dios que reconozca nuestras virtudes, un Dios que realce la felicidad como modelo de dignidad, en lugar de las antiguas imágenes de mártires, en fin... ¡Un Dios más verosímil! Un Dios que aclare que el paraíso y el infierno no son un premio o un castigo póstumo sino, escogencias naturales del ser humano...en vida.

(Mario Fattorello. Manifiestos de Psiconomía 2004)


sábado, 14 de febrero de 2009

Nacido de la Ley y la Tentación


El DDI: Un recurso legal de la mente.


La prohibición aumenta el valor de lo prohibido. Esto genera dos efectos, uno consecuente del otro, en primera instancia resalta lo prohibido para que sea debidamente tomado en cuenta, y como consecuencia intensifica la tentación hacia lo vedado. Simultáneamente, el que recibe la prohibición, acepta de buena gana la revalorización de lo prohibido por dos razones básicas: si cayera en la tentación tendría la excusa de haber sucumbido (a pesar de sus esfuerzos) a la irresistible atracción del objeto prohibido; y si llegara a evadir la tentación, su narcisismo podría jactarse de la heroica batalla ganada por su autocontrol ante tan temible enemigo.La instauración de la ley invita a su infracción. De ahí el sentimiento popular de que todo lo prohibido es más tentador. Al iniciar una dieta se activa la gula. La prohibición que recae sobre la sexualidad infantil aumenta el interés morboso. El mito del Génesis ubica este fenómeno en los inicios de la humanidad: al prohibirle cosechar del árbol de la sabiduría, Dios llama la atención sobre el fruto prohibido instaurando la tentación. Sin la prohibición, lo más probable es que Eva no se hubiera dado cuenta del dichoso árbol. Al decir: “de esta agua no beberé” aparece la sed. Estos efectos dificultan la función primaria de la ley, que debiera estar al servicio de favorecer la relación del sujeto con el mundo, y por añadidura aumentan el conflicto interno del sujeto. Las prohibiciones y sus consecuencias tentadoras son un obstáculo para la civilización, a la mente (en evolución) no le queda de otra que buscar formas de adaptación a este fenómeno, uno de esos intentos de conciliación entre el deseo interno y la ley externa es un recurso legal mental que en Psiconomía denominamos: DDI.
(Mario Fattorello, Manifiestos de Psiconomía)

LA DISTIMIA YA ES HISTORIA

Del DDI al DDS / Mario Fattorello

Escrito en el lenguaje más divulgativo posible, para favorecer la lectura de los no especialistas, este libro descubre un nuevo sentido de los síntomas: el autosabotaje. Este autosabotaje es maniobrado por un mecanismo mental que denominamos DDI. El lector encontrará en este libro la información necesaria para comprender el funcionamiento del DDI y la orientación adecuada para curarlo.
¿A quién va dirigido este libro?
El espectro sintomático con que el DDI logra sabotear el disfrute de la vida cotidiana es incalculable: puede manifestarse como inseguridad, dudas paralizantes, dificultad para conciliar el sueño, ideas rumiantes, sentimientos de culpa exacerbados, fobias de toda índole, sensación de fracaso, irascibilidad, manías de tiempo, de limpieza y orden; en fin, un policromo discurso de quejas. Además se ha comprobado que ciertos padecimientos como la hipocondría, la distimia y la melancolía de larga data, son consecuencias del DDI.
Con lo dicho, el lector puede ir haciéndose una idea de si este libro le concierne o no. Pensándolo mejor, con una sintomatología tan variada es difícil especificar a quién NO va dirigido este libro.